Y porque invierno rima con infierno y con averno, es que a veces convierte a nuestra existencia en un suplicio de hielo. Se nos hiela el alma y hasta a veces ésta se nos sale del cuerpo, rogando por un poco de vida y calor.
Así es. Como cada año, más o menos puntualmente, desde el 21 de junio está con nosotros él, el invierno tan temido. Y llegó para quedarse. Hasta aquel glorioso y ansiado 21 de septiembre...
Y yo, humildemente, solo quiero decirte a vos, invierno, sí, a vos: ¡te odio, invierno! ¡te odio! ¿y sabés qué? ¡no te tengo miedo! ¡que venga el Principito del frío! sí, sí, sí, vos ¿y cuántos más? No me importa, yo no pregunto cuántos son, sino que vayan viniendo.
¡Que muera el frío, carajo! ¡¡que viva el calor!!
Listo, ya me deshaogué. ¿En qué estábamos...?
Un abrazo,
Claudio Fimiani
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